viernes, 23 de marzo de 2012

Esperando a Carlo

Se habían criado juntos desde niños. Juntos habían correteado y jugado. Vivían en chalés contiguos y, cuando Teddy no pasaba al de Patty, era ésta la que pasaba al de él.
Contaba Patty dieciséis años cuando conoció a Carlo.
Fue con motivo de un viaje a Venecia, cuando fue a pasar unos días en casa de una compañera de colegio. Carlo, que contaba con veintidós años, la deslumbró con su aire de hombre mundano que está de vuelta de todo. Patty se enamoró de él casi de forma instantánea: fue, lo que se dice, un flechazo. Cuando ya volvía a Roma, Carlo prometió ir a verla.
Terminó sus estudios en el instituto. Patty ingresó en la escuela de Bellas Artes. Había cumplido veinte años y continuaba esperando a Carlo. Ya no tenía esperanza en que llegase, pero el recuerdo que ella tenía de él, el tiempo, en lugar de apagarlo, hizo que se convirtiese en una constante obsesión.
Teddy, su amigo de la infancia, la amaba más, si cabe, cada día; pero nunca se lo dijo. Se limitaba a escucharla, y la dejaba hablar de aquel Carlo que le había robado el corazón.
- Todos creen que tú y Teddy sois novios - le decía su madre con frecuencia.
- Pues se equivocan, mamá.
- Pero, ¿no crees que si en realidad no lo sois, ni pensáis serlo, hacéis mal saliendo juntos constantemente?
- No creo que hagamos mal a nadie con ello. Es con Teddy con el único que puedo hablar de todo. Me comprende mejor que nadie.
- Todo eso me parece muy bien. Lo que yo no comprendo es la idea que tenéis vosotros sobre el amor.
Ella sabía muy bien que el amor era algo más que comprensión y afecto, pero se guardó de decírselo.
Un día, cuando ya no esperaba nada de Carlo porque creía que ya se habría casado, recibió una tarjeta suya. Le decía que iba a Roma aquellos días. Se quedó muy sorprendida, y corrió a decírselo a Teddy.
- Ahora que él va a venir no sé cuáles son mis sentimientos. ¿Puede ser esto amor? Teddy, ¿tú que crees?
- Esa respuesta no puedo dártela yo. Será el mismo Carlo el que pueda dártela, o tú misma. Teddy lo que pensaba en realidad es que Carlo era un aprovechado, pero se guardó de decírselo a su amiga Patty.
Salió con Carlo. Se quedó desconcertada. ¿Es que ya no sentía nada por él? Empezó a analizarlo fríamente. Lo encontró frívolo, vacío, superficial, egoísta. ¿Qué había podido ver ella en Carlo hacía cinco años?
- Te encuentro muy cambiada, querida Patty.
- Ahora soy una mujer, Carlo. Cuando tú me conociste era tan sólo una niña.
- Sin embargo, me gustabas bastante más antes.
Patty no pensaba aclararle las cosas, tampoco estaba dispuesta a seguir perdiendo más tiempo con él.
Lo único que Patty no acertaba a explicarse era cómo había podido estar tan ciega para haber hecho una imagen de Carlo tan distinta a como era él en realidad.
- ¿No me contestas, Patty?
- Perdona, Carlo, ¿es que me habías preguntado algo?
- Creo que ya no te intereso para nada.
- En absoluto.
- Entonces, será mejor que me busque otro cicerone.
- No sabes cuánto te lo agradezco.


- ¿Se puede? - preguntó, golpeando la puerta de su cuarto con los nudillos.
- ¡Patty! Suponía que estabas con Carlo. ¿Se ha ido?
- Para mí, sí, Teddy, él se ha ido para siempre.
Le explicó todo y también la alegría que eso le producía. Esperó a que él le dijese algo, pero él se abstuvo de hacerlo. Se levantó de la silla en la que estaba sentado y, levantándola a ella de la suya, la tomó en sus brazos y la besó en la boca. Patty pudo por fin despertar a la realidad y comprender que su amor era Teddy, y ya lo sería para siempre.

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