sábado, 10 de marzo de 2012

Dos hermanos (Vietnam)

Amaron a la misma mujer y esto les obligó a huir. Su trágica historia dio lugar a una leyenda que todavía hoy se cuentan en las montañas del norte.


En las montañas de Vietnam del Norte, hace mucho tiempo, cuando reinaba Hung Vuong, vivían dos hermanos que parecían casi gemelos. El mayor se llamaba Cao Tang y el más joven Cao Lang.
Cao Lang amaba en secreto a una muchacha que vivía en el pueblo cercano, una hermosa jovencita de dieciséis años a la que habían llamado Wuan Phu.
Wuan Phu también amaba al joven Cao Lang. Habían tenido muy pocos encuentros, pero fueron suficientes para que el uno se fijara en el otro. Un día, Cao Lang pensó que había llegado el momento de pedir su mano y consultó con su madre.
- Hijo, según la tradición, tienes que esperar a que se case tu hermano mayor.
Y Cao Lang esperó; mientras, su hermano comenzó a buscar esposa entre las jóvenes casaderas de los pueblos de la montaña. Al llegar el verano, Cao Tang dijo a su familia que había encontrado a su futura esposa, que se llamaba Wuan Phu. Al escuchar aquel nombre, Cao Lang bajó la mirada entristecido. Pero se prepararon las bodas, y un día de final de verano, Cao Tang y Wuan Phu se casaron.
Cao Lang soportó su dolor como pudo. Wuan Phu aceptó su destino y aprendió a comportarse. Poco a poco fue desempeñando todas las labores de la casa.
Todos los días, los dos hermanos Cao iban a trabajar al campo con sus aperos. Al atardecer, Tang volvía despacio, con el arado al hombro, y Lang, detrás de él. Cuando llegaba la noche, la familia se reunía para la cena y el ambiente parecía muy afectuoso y cálido.
Cierto día en que Wuan Phu había preparado algo muy especial para la cena, al atardecer quiso correr hasta los campos al encuentro de su marido, Cao Tang.
De pronto, vio a lo lejos a los dos hermanos. Pero esta vez no era el mayor, Cao Tang, el que traía el arado al hombro. Y Wuan Phu echó a correr tendiéndole las manos. Se abrazaron, y cuando la joven esposa levantó la mirada vio con horror que había abrazado a su cuñado. Cao Tang observó la escena desconcertado y se fue hacia la casa sin saludar a su mujer.
Desde aquella tarde la atmósfera ya no era tan agradable. Las reuniones después de la cena se habían convertido en veladas tensas y silenciosas. Los dos hermanos apenas intercambiaban las palabras justas. Cao Lang sintió que la culpa era totalmente suya.
- Lo mejor que puedo hacer para que todo se equilibre es marcharme - dijo para sí.
Y así lo hizo, sin despedirse ni decir a dónde se dirigía.
Pasó el otoño, y llegaron el invierno y la primavera. Cao Lang seguía caminando por las montañas, sin un rumbo fijo, atravesando ríos y bosques, pequeños valles, pueblos y aldeas. Caminaba como loco, alimentándose sólo de los frutos y hierbas que encontraba en el camino.
Una tarde, desfallecido, se desmayó y cayó a la orilla del río. Murió enseguida. Suavemente, su cuerpo encogido se convirtió en una roca blanca y lisa. 
En la casa pasaban los días tristemente. Cao Tang esperaba que volviera Lang. Hasta que un día, temprano, salió en su busca.
Recorrió los mismos caminos, los valles y montañas, aquellos lugares por los que había pasado su hermano. Y una tarde llegó a un río y se apoyó sobre una roca blanca y lisa. Y en un momento cayó hacia un lado y murió. Del suelo emergió rápidamente una palmera que subió al cielo, con las ramas repletas de frutos: las arecas. Wuan Phu, vivía pensando en el regreso de su esposo y de su cuñado. Habían pasado dos años desde la marcha de su marido. Desesperada, salió de cas y fue en su busca. Atravesó montañas lejanas y valles perdidos, durmió en cabañas en medio del bosque, hasta que un día se detuvo a descansar en la ribera de un río, se apoyó sobre una roca blanca y lisa y se quedó dormida. No despertó.
Su cuerpo se convirtió en una vid trepadora, el betel, que fue enroscándose alrededor de la palmera.
Desde entonces, al pasar por aquel lugar, las aguas del río murmuran esta trágica historia de amor.
Los campesinos colocaron un pequeño monumento en su recuerdo. Unos años después, el rey Hung Vuong pasó por aquel lugar y escuchó el murmullo de las aguas. Conmovido por el amor de los hermanos y de Wuan Phu, cogió una hoja de betel y un fruto de areca y los masticó a la vez: la mezcla tenía un sabor muy agradable. Cuando escupió sobre la roca tenía un hermoso color rojo.
Entonces el Rey dio orden de que, en el futuro, en todas las ceremonias nupciales, se hiciera esta mezcla como símbolo para ayudar a los jóvenes a elegir el verdadero amor sin temor a las equivocaciones.


Cuento popular de Vietnam.

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