El teniente de policía, alto, de buena figura, sin afeitar y con los ojos enrojecidos por no haber dormido se inclinó cansado sobre el escritorio.
- Nos ha ayudado usted antes. Ahora le necesitamos de nuevo. Nos encontramos frente a una pared en blanco. Sólo contamos con esta nota.
Richard Verner echó una ojeada al pedazo de papel arrancado de un taco con pequeños círculos y garabatos en el rincón en donde alguien había presionado con la punta del bolígrafo para que comenzara a escribir; la propia nota estaba escrita en letra clara, angular.
- Recibimos esta nota - dijo el teniente - en el correo de la tarde. Esto es lo primero que hemos sabido del juez Cabe desde que unos malhechores entraron ayer en la sala de justicia y se abrieron paso a tiros llevándoselo prisionero. Desde entonces, hemos estado buscando en todos los rincones de la ciudad, pero no hemos hallado ningún rastro. Debemos descubrir dónde le tienen encerrado, pero no tenemos ni una sola pista. Y ahora hemos recibido esta nota.
- ¿Es la letra del juez?
- Sí. Yo mismo la reconozco, y Mrs. Cabe está segura de que es la letra de su marido.
- Pero es una nota rara.
- Eso es otra cosa que nos preocupa. El propósito de esos maleantes era conseguir un rehén a cambio de un prisionero. Esto tiene sentido. Pero el juez Cabe nunca hubiera escrito una nota como ésa, a menos que estuviera loco o muy asustado. Y puedo asegurarle que nunca le he visto asustado.
Verner, frunciendo el ceño, leyó la nota:
"A quien pueda interesar:
Yo, John Cabe, ordeno por la presente, usando de mi autoridad como Oficial de la Corte, que el prisionero Roger Maynard sea liberado incondicionalmente no más tarde de las seis en punto del jueves, día de recepción de esta Orden.
No ha de juzgarse al prisionero, sino que ha de ser liberado sano y salvo a cambio de mi propia libertad. Debo advertir que mis secuestradores están fuertemente armados, son ingeniosos e implacables, y si este mandato no se obedece a las seis de la tarde del jueves, yo seré ejecutado.
Juez John R. Cabe, C.P.T. Por orden."
Verner alzó la mirada, frunció el ceño, miró nuevamente la nota y después se arrellanó en su asiento.
El teniente levantó la vista y observó la expresión concentrada en el rostro de Richard Verner. Después, contempló intrigado a Verner mientras éste giraba la nota y la miraba desde todos los ángulos. El teniente echó una ojeada a su reloj: las cuatro de la tarde. Verner seguía estudiando el papel. El teniente, gruñendo, iba a hablar, pero después cerró la boca, tragó saliva y sacó su cartera.
Verner observó brevemente el dorso de la nota, después la colocó cara arriba sobre la mesa y la giró de nuevo para examinarla desde diversos ángulos. El teniente, en silencio, sacó una tarjeta de visita de su cartera. Bajo un pedazo de plástico transparente había un recorte de periódico unido a la tarjeta con cinta adhesiva. Era el artículo en el periódico lo que primero había llamado la atención del teniente Verner, y lo había guardado como recuerdo. En la parte superior de la tarjeta estaba impreso: "Si estás desesperado, llámame..." Debajo de eso estaba el propio recorte: "...parte eficaz en el descubrimiento del misterio fue Richard Verner, un nuevo tipo de especialista conocido como heuristiciano. Verner explicó que un heuristiciano es un solucionador profesional de problemas, que trabaja con otros expertos. Casi todos los problemas, dijo, pueden ser aclarados por técnicas semejantes, siempre que el conocimiento necesario del experto esté disponible."
El teniente guardó la tarjeta y observó que Verner ahora tenía la nota colocada en un ángulo de casi cuarenta grados. Ya no leía la nota, sino que estaba examinando las marcas en donde el juez había hecho garabatos con la punta del bolígrafo para que comenzara a escribir.
De pronto, el teniente ya no pudo resistir más.
- Escuche - dijo -, no he venido aquí para pedirle que imagine qué tipo de bolígrafo utilizó. De alguna manera, lo que tenemos que imaginar en primer lugar es en dónde lo tienen encerrado.
- ¿Jean?
Una agradable voz femenina replicó:
- Dígame, Mr. Verner.
- ¿Podría entrar un minuto?
- Enseguida voy.
Verner miró dubitativamente al teniente.
- ¿Dice usted que el juez no se asusta fácilmente?
- Nunca le he visto asustado. Ha intervenido en algunos casos en los que se han utilizado todos los trucos - miembros del jurado sobornados, expertos "comprados", presión política, gran teatro en la sala de justicia, llamadas telefónicas amenazadoras a los testigos y, finalmente, cartas demenciales al propio juez Cabe. Pero él nunca ha vacilado. Cuanto mayor es la presión, tanto más se concentra en realizar su cometido.
- ¿Cómo comenzó? Es decir, antes de ser juez - preguntó Verner.
- Se abrió camino en la Facultad de Derecho trabajando como periodista del Palacio de Justicia. - El teniente echó una ojeada a su reloj. Eran poco más de las cuatro -. ¿Cómo va a ayudarnos esto a encontrarle? A las seis le matarán.
- ¿Hay alguna probabilidad de que la gente que le secuestró se haya trasladado a otro lugar? ¿O estará todavía donde le tenían cuando escribió esta nota?
El teniente sacudió negativamente la cabeza.
No hubieran corrido el riesgo de trasladarle. Además, esto lo tenían bien planeado y no necesitan trasladarle. No nos darán oportunidad de atraparlos de esa manera.
Se oyó un golpecito en la puerta y la secretaria de Verner, Jean Benedict, entró en el despacho. Verner miró al teniente de policía y le dijo:
- ¿Lo que usted necesita es su localización? ¿La dirección del lugar en donde se encuentra?
- ¡Sí!
- ¿Pero la única oportunidad que él ha tenido para ponerse en contacto con ustedes ha sido por medio de esta carta?
- Tal como está, y eso es todo.
Verner hizo una señal a su secretaria, que cruzó la habitación con un rápido taconeo. Verner alzó el secante de su escritorio y puso la nota debajo, angulada de modo que sólo dejara visible el lugar con las marcas del bolígrafo.
- Lee eso - dijo observándola cuidadosamente.
- East - dijo ella, frunciendo el ceño, concentrándose -. East-side... Eastside. Y ahora, vamos a ver, ¿esto dice "okay"? No, oak. East-side... Oak. ¿Total? No... Oh, esto está en ángulo, y en el viejo estilo... esquina.
- Alzó la mirada -. Algunas de estas marcas no significan nada. Son solamente allí donde alguien comenzó a intentar escribir. Pero esta marca de aquí está escrita dos veces, y significa eastside, y esto significa oak. Esta marca está en ángulo con relación a las otras, pero significa "esquina". Si esto es una dirección, ha de ser "esquina a Eastside y Oak".
De nuevo, el teniente se quedó mirando el papel.
- ¿Quiere usted decir que estos pequeños garabatos que cabrían debajo de una uña de su pulgar forman un mensaje? Ha dicho "Esquina a Eastside y Oak", ¿es así?
Con los ojos muy abiertos, Jean Benedict asintió, y el teniente dio media vuelta y salió. Ella miró a Verner:
- ¿Qué...?
Él alzó el secante para mostrar a la chica el resto del papel con su mensaje escrito. Aquella noche Verner estaba en su oficina cuando sonó el teléfono y el teniente dijo:
- ¿Todavía está ahí? Voy enseguida.
Entró en el despacho con un hombre alto, de cabello blanco, que le tendió la mano y sonrió.
- Soy John Cabe. Agradezco que alguien pudiera leer mis pequeños garabatos.
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