lunes, 9 de julio de 2012

Dos fuera del zurrón (Finlandia)

Un hombre anciano vivía con su esposa en un pueblo del interior de Finlandia, casi lindando con Rusia. La mujer era una cascarrabias y estaba todo el día buscando motivo de pelea con su esposo.
El viejo no tenía más que un consuelo: salir al campo y preparar trampas para pájaros y conejos, que luego llevaba contento a casa.
Una mañana encontró en una de las trampas que había dejado preparadas la noche anterior, una cigüeña.
- ¡Qué bien! - se dijo -. Me la llevaré a casa y mi mujer la asará para la cena.
Pero la cigüeña, con voz humana le dijo entonces:
- No me mates, por favor te lo pido. Si me sueltas pondré en tus manos un regalo. No te arrepentirás.
Y el pobre viejo, asombrado ante la cigüeña parlante, la puso en libertad.
Volvió a casa con las manos vacías y su mujer, por no perder la costumbre, discutió con él y lo mandó a dormir al establo. A la mañana siguiente partió el hombre a disponer sus trampas. Y al rato se encontró con sorpresa a la cigüeña.
- Te traigo un regalo. ¡Mira! Y dejando en la tierra un zurrón que traía en su larguísimo pico, dijo: 
- ¡Dos fuera del zurrón!
Como por arte de magia salieron del zurrón dos jóvenes, con unas tablas de madera en la mano, que pusieron en el suelo y cubrieron de platos repletos de exquisitas viandas y de deliciosos vinos.
El viejo comió y bebió hasta hartarse, y después de dar las gracias a la cigüeña, volvió muy contento a su hogar. En el camino quiso detenerse en casa de una sobrina.
- Querida sobrina, te ruego me des algo de cenar. La sobrina puso sobre la mesa lo poco que tenía en el horno para comer.
- Muy pobre es la comida que me das. Ahora, yo voy a ofrecerte una buena cena. Y sin decir más cogió el zurrón y exclamó:
- ¡Dos fuera del zurrón!
Al momento aparecieron los dos muchachos y cubrieron la mesa con una espléndida vajilla, sobre la que aparecieron exquisitos manjares.
La sobrina y su marido quedaron asombrados y se hartaron de comer y de beber. La mujer, muerta de envidia, no tardó en idear plan para apropiarse del zurrón.
- Mi querido tío, te encuentro muy fatigado. ¿Por qué no pasas la noche con nosotros en esta casa?
El anciano pensó que sería muy agradable tomar un relajante baño caliente y no se hizo de rogar. Mientras colgaba en un clavo en la pared el zurrón maravilloso, agradeció a su sobrina la invitación que le acababa de hacer.
Cuando el viejo estaba en el baño, la mujer, apresuradamente, confeccionó un zurrón exactamente igual al que llevaba su tío. A la mañana siguiente, el anciano se levantó tranquilo y, sin advertir el cambio, cogió el zurrón y se encaminó hacia su casa.
- ¡Felicítame mujer! Traigo un asombroso regalo que me ha entregado una cigüeña.
Y, depositando el zurrón en el suelo, exclamó:
- ¡Dos fuera del zurrón!
Pero, para su asombro, no ocurrió nada extraño.
Y la vieja, como era costumbre, comenzó a gritar y a pegarle con un palo.
Triste y desolado volvió el viejo al lugar en que había encontrado a la cigüeña. Y allí la encontró, con otro zurrón en su pico.
- ¿Quieres otro zurrón? Seguro que te será tan útil como el primero.
Y el viejo lo tomó contento y emprendió camino a su casa. Pero, como le vino una duda, decidió probarlo una vez, y exclamó:
- ¡Dos fuera del zurrón!
Al momento salieron los dos jóvenes que, con dos fuertes garrotes, comenzaron a pegarle, diciendo:
- ¿No te has dado cuenta que tu sobrina te ha engañado cambiándote el zurrón? Y después desaparecieron.
El hombre se encaminó a casa de su sobrina, dispuesto a darle su merecido.
- Te ruego, querida sobrina, que me dejes pasar otra vez la noche con vosotros.
- Con mucho gusto - dijo encantada la mujer.
El viejo se encaminó al cuarto de baño y no tuvo ninguna prisa en bañarse.
Y ella, para ver qué traía el nuevo zurrón, dijo:
- ¡Dos fuera del zurrón!
Al momento aparecieron los dos jóvenes. Pero esta vez venían con garrotes y no tardaron en dar una soberana paliza a la mujer.
- ¡Devolved el zurrón a vuestro tío - repetían sin cesar los mozos.
Al rato salió el viejo del baño y recuperó su zurrón maravilloso. Contento, se dirigió deprisa a su casa.
- ¡Mira, mujer, qué regalo más bonito te he traído!
La vieja ya estaba dispuesta a asestarle un garrotazo al hombre, pero, enseguida, dijo la frase mágica:
- ¡Dos fuera del zurrón!
Inmediatamente aparecieron los dos mozos cargados de regalos. La anciana, por primera vez en su vida, pidió perdón a su marido.

Cuentos populares finlandeses.

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