viernes, 11 de mayo de 2012

Los dos nos equivocamos

Mariví había llegado a Las Palmas, procedente de Argentina, hacía 10 años, en compañía de su madre viuda. Ahora, por fin, iba a casarse. Su novio, Mario, era un chico de buenas familia que,aunque Mariví nunca había tocado el tema, creía que ella tenía más dinero. Su madre ya había recomendado a Mariví en varias ocasiones que hablara claro con él antes de la boda, pero ella insistía en que nunca le había mentido y que, por lo tanto, no hacía falta ni discutirlo.
La boda se celebró con toda pompa, aunque la madre de Mariví había tenido que vender casi todas sus joyas para pagar los gastos. Un mes duró el viaje de novios. Habían recibido gran cantidad de regalos, muchos de ellos en metálico, y gracias a ello tuvieron una dorada luna de miel. Cuando Mariví trataba de decir a su flamante marido que era demasiado lo que estaban gastando, él decía que para qué querían el dinero, si no era para eso. Su actitud le hacía suponer a ella que aún se había quedado corta calculando su capital. Por lo visto, todavía era más rico de lo que había imaginado. A la vuelta habían decidido vivir una temporada en casa de la madre de ella, mientras que ellos no tuvieran un piso. Y cada uno por separado se dispuso a esperar a que el otro lo comprase. Pero, claro, a los seis meses la situación ya era insostenible, el nuevo matrimonio no aportaba nada al mantenimiento de la casa y a Mariví no le quedó otra opción que hablar claramente con Mario:
- ¿Estás bromeando, Mariví? No puedo creerte.
- ¿Qué es lo que no puede ser?
- Lo que me estás diciendo.
- No debería poder ser, pero es. Hace seis meses que mi madre nos mantiene. Yo tengo que darle dinero y creo que lo lógico es que te lo pida a ti, ¿no crees?
- ¿Es que...no tenéis dinero?
- No, Mario. Y no comprendo cómo has podido creer semejante cosa. Yo nunca he pretendido pasar por rica. De todas formas, no veo por qué tienes que preocuparte tanto si, al fin y al cabo, lo tenéis tú y tu padre.
- ¿Es que no has comprendido aún que yo tampoco lo tengo?
- Yo tengo la carrera de magisterio - dijo ella -. Podría intentar preparar unas oposiciones y trabajar.
- ¿Y yo? ¿Qué hago yo si sólo tengo el título de bachiller? Ningún otro título, nunca he trabajado.
- De todas formas, no podemos quedarnos así, y ahora menos que nunca...Vamos a tener un hijo.
- ¿Cómo no me lo habías dicho antes?
- No me atrevía.
Después de aquello, Mariví llegó a sentirse feliz. Ahora era sincera con su marido, Mario, a su vez, y pese al problema que se le venía encima, se sentía satisfecho en su interior. En el fondo, le remordía la conciencia el hecho de haberse casado con ella por el interés, porque lo que era evidente es que la quería. Por eso la noticia que le dio le quitaba un peso de encima.
Por ella estudió y aprobó unas oposiciones. Siempre había creído que el trabajo se le iba a hacer muy duro. Pero, desde que trabajaba, se sentía más satisfecho de sí mismo. Se consideraba con más derecho a disfrutar de todo y, realmente, lo tenía. Mariví se dedicó a dar clases en un colegio y también a los niños en sus casas, pero poco antes de dar a luz tuvo que dejarlo.
- No te preocupes - le decía Mario, mimándola -. Yo trabajaré para los dos.
Pasaron los meses...Mario tenía el periódico antes sí.
- ¿Has visto esto?
Mariví leyó lo que señalaba su marido. Era una reseña de boda muy parecida a la que, en su día, había salido de ellos.
- ¿Serán de los nuestros o real su amor?
- cualquiera sabe - contestó Mario riendo -. Ojala...
- ¿Has pensado alguna vez qué hubiera sido de nosotros si no nos quisiéramos?
- No quiero ni pensarlo.
- Es posible que a esta horas estuviéramos uno por cada lado.
- Eso es lo que suele ocurrir en muchos casos de matrimonios por interés.
- Menos mal que el nuestro no lo ha sido.
- Es que el amor que nos tenemos nos ha salvado.
Así era, en efecto, pues de lo que no había ninguna duda era el inmenso amor que se tenían y del que sólo estuvieron seguros cuando ambos conocieron su verdadera situación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El tesoro escondido (Gran Bretaña)

 Un campesino muy pobre soñó durante tres noches seguidas que debajo de una roca, cerca de su casa, estaba enterrado un tesoro. En aquel sue...